Por: Amaury Sánchez
¿Quién dijo que la diplomacia es solo para los pacifistas y los que buscan un mundo mejor? Porque Donald Trump, el hombre que lleva el arte de la política exterior como quien se pone un sombrero demasiado grande, acaba de elegir a un embajador para México que parece salido de una película de guerra… o de un guión de James Bond, pero de esos que ni en Netflix pondrían, porque son demasiado oscuros. El coronel retirado Ronald Douglas Johnson es, por si no lo sabían, el hombre de los “superhalcones”, ese tipo de personaje cuya misión en la vida parece ser llevar la mano dura en la maleta, y no precisamente para darnos una palmadita en la espalda.
Johnson no es el típico diplomático con corbata y sonrisa de compromiso. No, este es un tipo con una historia que podría hacerle temblar las rodillas a cualquier gobierno que aún crea que en la diplomacia hay un lugar para la “cordialidad” y la “negociación”. Este veterano de El Salvador, Afganistán e Irak –y, sí, también de las operaciones sicológicas encubiertas y la guerra irregular asimétrica– tiene toda la pinta de ser más el “plomero” de la inteligencia de Estados Unidos que un hombre que va a llegar a México con la idea de compartir un café y hablar de política migratoria. ¡Ni hablar! Este hombre sabe más de hacer ruidos bajo la mesa que de hacer promesas bonitas.
Trump, al nominar a Johnson, no está diciendo: “Vamos a tener una relación cordial y amistosa con México”. No, amigos, lo que está dejando claro es que la diplomacia en su gobierno será reemplazada por una relación de fuerza, con énfasis en “fuerza”. No es que estemos diciendo que Claudia Sheinbaum sea un muñeco de peluche en la política, pero parece que a Trump no le gustan los tonos suaves. Y mucho menos cuando se trata de un país que, según él, tiene “delincuentes y drogas” (o al menos eso es lo que su Twitter nos ha dejado entender).
Para los que pensaban que con la llegada de Sheinbaum a la presidencia la relación con Estados Unidos sería más “civilizada”, esta jugada de Trump nos da una lección dura: los tiempos de las sonrisas y los apretones de manos podrían haber pasado, y ahora nos toca ver quién sale a la cancha con más poder de fuego. Claro, Johnson es más experto en hacer operaciones sicológicas y en guerra no convencional que en lidiar con el protocolo diplomático, así que no nos sorprenda si en los próximos meses México recibe más “ofertas” de estos halcones disfrazados de embajadores.
A final de cuentas, lo que queda claro es que, con esta jugada, Trump está demostrando que en la política internacional, la plática amable y los acuerdos son secundarios cuando puedes mandar a alguien que tiene más experiencia en “la otra guerra” que en organizar cenas de gala. ¡Agárrense, porque parece que la mano dura será el plato del día! Y México, con todo y sus cambios de dirección, se ve que está a punto de recibir una diplomacia de la vieja escuela: la de los súperhalcones, los “plomeros” de la guerra… y claro, la de los augurios poco amables.














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